Hay temas que arrastramos y no sabemos de dónde vienen.
Una manera de relacionarnos que se repite. Un peso que sentimos sin causa clara. Una lealtad invisible a algo que ni siquiera vivimos, pero que parece marcar el paso de nuestra vida.
A veces la historia que explica eso no empezó en nosotros. Empezó antes. En quienes vinieron antes.
De eso hablan las constelaciones familiares.
Empecemos por lo que NO son
Prefiero aclarar esto primero, porque hay mucho ruido alrededor.
Las constelaciones no son magia. No adivinan el futuro, no diagnostican, no sustituyen a la medicina ni a la terapia cuando esas son las que hacen falta.
Tampoco hay que creer en nada para que tengan sentido. No es una cuestión de fe.
Son una herramienta de trabajo. Una forma de mirar los sistemas familiares —esas redes de vínculos, historias y lealtades en las que nacemos— y de darles un lugar distinto dentro nuestro.
Entonces, ¿qué son?
Todos formamos parte de un sistema familiar. Y ese sistema tiene su propio orden, sus deudas, sus historias no dichas: una muerte temprana, un abandono, un secreto, alguien que quedó excluido.
Lo que las constelaciones proponen es que, muchas veces, cargamos sin saberlo con asuntos que no son nuestros. Repetimos destinos, ocupamos lugares que no nos corresponden, sentimos emociones que en realidad pertenecen a otro miembro del sistema.
Una constelación es un espacio para poner eso a la vista. Para mirar ese entramado desde fuera, darle su sitio a cada quien, y devolver a su lugar lo que estaba desordenado.
Cuando eso ocurre, algo se afloja. No porque hayas entendido más, sino porque algo se reordenó por dentro.
¿Cómo es una sesión?
Se puede trabajar de dos formas: en grupo o de manera individual.
En grupo, la persona elige a otros participantes para que representen a miembros de su familia o a elementos de su historia. Se los ubica en el espacio, y desde ahí empieza a aparecer información: posiciones, distancias, lo que estaba tapado se vuelve visible.
De forma individual, hacemos algo equivalente usando otros recursos —figuras, marcadores en el espacio, la propia sensación en el cuerpo—. No hace falta un grupo para que el sistema se muestre.
En ambos casos no se trata de hablar y analizar sin fin. Se trata de mirar, sentir y permitir que algo encuentre su lugar.
¿Para qué sirven? ¿A quién pueden ayudar?
Suelen ser útiles cuando hay algo que se repite y no cede solo con entenderlo.
Patrones en las relaciones de pareja que vuelven una y otra vez. Dificultades con un padre o una madre que arrastrás desde siempre. Una sensación de estar cargando un peso que no te pertenece. Duelos que no terminan de cerrarse. Decisiones importantes ante las que te sentís bloqueado sin saber por qué.
No son la respuesta a todo. Pero para ciertos temas —los que tienen raíces en la historia familiar— abren una puerta que la palabra sola a veces no alcanza a abrir.
Cómo trabajo yo con esto
Las constelaciones acompañan a mi trabajo como terapeuta Gestalt; no lo reemplazan.
Me formé en el Institut Gestalt de Barcelona, y las integro con respeto y sin promesas mágicas. Para mí son una forma más de mirar lo que sostiene tus patrones —esta vez, desde la trama familiar de la que venís.
Si sentís que hay algo que se repite y que quizás no empezó en vos, puede ser un buen lugar para empezar a mirarlo.
El primer paso es una conversación
No necesitás tener claro qué querés constelar.
Muchas personas llegan solo con la intuición de que hay algo ahí. Con eso alcanza.
Escríbeme para ver qué estás buscando y si las constelaciones —o la terapia Gestalt— son el camino que tiene sentido para vos.
Constelaciones familiares y terapia Gestalt, en español e inglés. Presencial en Barcelona (Pl. d’Urquinaona), individual y en grupo, y online para toda España y Europa.