Se trata de una terapia psico humanista que tiene la intención de evidenciar nuestra “manera de ser” más auténtica, poniendo conciencia en nuestras conductas, pensamientos y emociones más “automatizadas”. Es un enfoque integral y holístico, ya que ve a la persona como un conjunto de cuerpo, emoción y mente.
¿Qué son las constelaciones familiares?
Todos formamos parte de un sistema familiar con su propio orden, sus deudas y sus historias no dichas. Las constelaciones son una herramienta de trabajo —no magia, no una promesa mística— para mirar ese entramado desde fuera y devolver a su lugar lo que estaba desordenado.
Principios básicos:
Orden.
Cada sistema familiar tiene un orden natural. Cuando alguien queda fuera de lugar —por un secreto, una muerte temprana, un abandono— el sistema busca, sin que lo decidamos, restablecer el equilibrio, muchas veces a costa de quien viene después.
Pertenencia.
Todos los miembros de un sistema familiar tienen derecho a un lugar, incluidos los excluidos o los que preferimos no nombrar. Negar ese lugar no lo borra: solo lo vuelve invisible.
Lealtades invisibles.
A veces repetimos destinos, ocupamos lugares que no nos corresponden o sentimos emociones que en realidad pertenecen a otro miembro del sistema, por una lealtad que no elegimos conscientemente.
Mirar para reordenar.
Poner el sistema a la vista permite que cada quien recupere su lugar. Cuando eso ocurre, algo se afloja: no porque hayamos entendido más, sino porque algo se reordenó por dentro.
Trabajo las constelaciones como un complemento de mi trabajo como terapeuta Gestalt, con respeto y sin promesas mágicas: una forma más de mirar lo que sostiene tus patrones, esta vez desde la trama familiar de la que venís.
“Muchas veces cargamos destinos que no son nuestros. Ponerles nombre es el primer paso para soltarlos.”

